El
monopolio de las emociones
No es
novedad para nadie que resida en lo que conocemos como chile lo que cada cierto tiempo pretende pigmentar a las personas de una
suerte de situaciones que suponen escarben su recóndito corazón. La teletón y
sus rostros ya conocidos han instaurado un aura de temor en la gente: no se
puede cuestionar a la teletón, no se puede hablar en contra de ella, quienes
esta vez del año no son buenas personas colaboradoras simplemente merecen el
odio colectivo y todo porque se supone alguna vez cualquiera de nosotrxs
pudiese necesitar de dicha fundación, quien da dinero .imagino. Lo hace
pensando y esperando que ni él o ella ni su hijo o hija alguna vez tuviese que
ser un paciente de dicha fundación. Se utiliza un montón de historias trágicas
escarbando el dolor ajeno y tratando de hacerlo propio, esta vez del año
aquellas personas a las que la gente comúnmente mira y observa con recelo y de
cuales se refieren con palabras como “minusválidos” Son las estrellas de la
velada de 27 horas, en donde el llanto, la emoción y la pretensiosa y supuesta
unión nacional cubren a vista y paciencia del clamor popular las escabrosas
jugadas del entorno empresarial, ¿Qué culpan tienen lxs niñxs? ¿Quién podría
dudar de la teletón? ¿Quién podría dudar de un sacerdote? No es un acto muy radical el de usar la magia
y la inocencia de lxs niñxs para generar grandes sumas de dinero ejemplos
fehacientes serian por ejemplo la navidad. No es primera vez, no será la última
vez. Comúnmente quien se atreva a mirar televisión vera a los mismos rostros
dotados de bondad haciendo lo que día a día hacen pues su trabajo es el
espectáculo, la demagogia y la pretensión esta vez omitida por la pena y la
alegría, cada día del año podrás ver las mismas publicidades solo que sin el
logotipo de la teletón, las marcas, las empresas esta vez generan un negocio
plastificado al vacio puesto nada de dinero sale de ellxs en cuestión, su
publicidad se instaura ahora en la gente que se siente afiliada a una empresa
que además goza de filantropía transversal, se
confabula el hecho de consumir cierto producto con el de ser buenas
personas que temen alguno de sus cercanxs quedase lisiadx, que temen ser malos
padres por no regalar nada en navidad, que temen ser aburridxs por no festejar
en año nuevo. Es por eso que la teletón
proyecta todo lo que el espectáculo ínsita en la gente, es la teletón la
fábrica perfecta de consumistas sin cuestionamientos que además son buenas
personas. Imagino cada año debe prácticamente haber una tómbola de empresas que
se pelean el poder “colaborar” pues el negocio es fatídicamente rentable puesto
en estas fechas del año nadie consume una marca no colaboradora, yo no estoy
interesada en desenmascarar a la dipirona popular por excelencia llamada don
francisco insistiendo que es él quien se queda con cuantiosas sumas de dinero
pues no lo sé. Para mí es solo la cara visible del problema, problema que una
vez se permea de las buenas intenciones de unxs pocxs para lucrar
progresivamente.
Entonces sería la teletón un pastel gigante de posibilidades en que los rostros
del espectáculo y los logotipos del espectáculo de las transnacionales quienes
se llevan la mayor parte dejándoles a lxs niñxs a su suerte la posibilidad de
exponer sus vidas como algo propio de la lastima y la misericordia
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