miércoles, 25 de julio de 2012

Hablemos de domesticación


Por y para- la domesticación supone una meta clarividente de la vida en si posee uno que otro encanto y es que no por nada esta tan asentada dicha palabra. Dicho acto. En todas nuestras especulaciones de lo que es vivir.
Lo que en un poema no rima ha de ser re evaluado, lo que en una fachada pintoresca no combina ha de ser desechado.  Suena simple quizás, pero es bastante difícil entender como ese proyecto podría comerse a la o las personas que lo concibieron, me explico: Somos nosotras las personas, esos edificios, esos que nos limitan del cielo no estaban sino después de ser creados por alguien de nosotrxs mismxs, y la domesticación previamente “razonada” pretende que nosotrxs los ya inamovibles seres humanos calcemos a la par de un edificio y su arquitectura, Es entonces la domesticación un plan suicida desde cualquier punto de vista pues pretende sino desligar el cuerpo de su vitalidad y estupefaciente humanidad ínsita, quizás eso ya lo teníamos un tanto claro o no (¿?)
Perros vagos, gente vaga
Ni los perros ni la vagancia clasificada combinan
Siglo 21: gente de todas las edades en una era ad portas de la raza de lxs incipientes  e inconclusxs niñxs indigo, apunta a una tenencia responsable de mascotas. Tenencia o sea propiedad, si. Estamos hablando a diestra y siniestra sobre un dominio sobre un animal. La gente clama sobre el seudo bienestar de las y los perros, de las y los gatos de las aves etc. Desconociendo profundamente el daño efectuado sobre la posible conciencia e instinto de los animales ya nombrados. Se pretende entonces tildar de responsabilidad el acomodar a un animal a un horario de comida y espacio limitado (o no) de circulación sea de manera anglosajona o derechamente “irresponsable” siempre en el plan cuadrante de lo trazado por su “dueño humano”, se entiende al perro vago como un pobre ser desamparado, situación bastante posible ya que al previamente haber humanizado a un perro a horarios y espacios este al ser abandonado no concibe más que la miseria.
Estas calles y estos espacios son parte de los perros y sea quizás el peor daño que se les puede hacer el llevarles a una casa y adecuarlos a un método… las Acrópolis del norte y el viejo continente nos convirtieron en personas incapaces de sobrevivir en la calle, y ahora nosotrxs pretendemos causarles ese retroceso a los perros.

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